viernes, diciembre 12, 2008

El color de mis sueños.

Tu mirada tenía el color de mis sueños. Una mezcla de atardecer eterno y niebla azul. Recorría con mi mirada tus parpados perfectamente delineados y me preguntaba qué vendría luego. Entonces cerraste tus ojos, diste media vuelta, tu pelo me pegó en la cara y te fuiste no sin antes salpicar mi ropa con tus lágrimas. Nunca me había sentido tan solo en mi vida. Luego, todo lo que recuerdo es el ruido.

 

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Tus desgracias y las mías se encontraron en un paseo al campo en el que ninguno de los dos quería estar. De eso hace ya muchos años. El viaje de vuelta lo hicimos juntos en el auto de alguien. No hablamos nada. Nada más que el frío "hola" con que nos saludamos aquella vez. Después no te vi más. Aun no tenías nombre. Eras, cuando les contaba a mis amigos de ti, simplemente "ella".

 

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El tiempo fue dejando cicatrices y nuevas heridas. Todo pasaba y nada era como yo quería que fuera. Tu fantasma sin nombre rondaba mis noches despierto y nunca esperé algo bueno, salvo que el sueño no tardara en calmarme, lo que nunca ocurría antes de ver los primeros rayos del sol. Fue en esa época en que, según yo inteligentemente, me dediqué a vivir de noche.

 

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Nuestras historias se dibujaban en arena y sabíamos que la marea de nuestros verdaderos sueños volvería las cosas a su sitio y borrarían todo rastro de ese momento de nuestras vidas. Mientras, jugábamos a querernos. Mientras, nos veíamos desde afuera como descansando de nosotros mismos. Mientras, esperábamos que la desesperanza se tomara su tiempo.

 

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Pero tú, y tu nombre, se fueron fundiendo con mis sueños hechos realidad y a veces despertaba solo y toda esa ensoñación se transformaba en el invierno más duro concentrado en una sola habitación. Y se volvía a llenar de gris y de sombra y de pena y de ruido. Todo en una sola habitación como si el mundo se despojara de lo que produce inquietud y abriendo mi puerta de golpe, la arrojara a mis pies.

 

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A veces me pregunto qué fue del tipo que saludaba todas las mañanas en el espejo. Ese que confundía los días con las noches cunado estaba contigo. Y a veces lo veo, solo, siguiendo tus pasos invisibles. Otras veces me pregunto que fue de ti y a también te veo por ahí, y te veo conmigo. Con mi recuerdo colgando de tus ojos color de noche. Cayendo tras de ti gota a gota. Como lágrimas.



 

1 comentarios:

Shenita dijo...

cuando va actualizar esto amor?